sábado, 21 de octubre de 2017

UNA DE ARENGAS, ¡POR SAN CRISPÍN!



Redoblen los tambores y suenen los clarines, resuene el olifante y llame a la batalla, pues por allí se asoma, amigos, el día de San Crispín. Será el miércoles 25 de octubre y entonces celebraremos el sexcentésimo segundo aniversario de la heroica batalla de Agincourt (1415), en la que un mermado ejército inglés comandado por Enrique V derrotó a las, en principio, muy superiores fuerzas francesas. 
Cuentan los libros de historia que la clave de tan inesperada victoria fue la destreza de los arqueros ingleses, más capaces que una caballería francesa entorpecida por la lluvia y el barro. Sin embargo, el más célebre dramaturgo que en el mundo ha sido, William Shakespeare, le atribuye el mérito de la victoria a la arenga que, poco antes de la batalla, pronunció el mismo rey Enrique V ante sus desanimados hombres. 

Para aquellos que no sepáis lo que es una arenga, es lo que los horteras manuales de autoayuda llamarían discurso de motivación. Nosotros, ya lo sabéis, reivindicamos lo simple, así que nos quedamos, por supuesto, con el término arenga, y reivindicamos también la magia y el poder de la palabra, así que estamos encantados de darle a Shakespeare y a su locuaz Enrique V el crédito que la Historia le ha dado a la estrategia militar. Os dejo con Su Majestad, tal cual lo representa para la gran pantalla Sir Kenneth Branagh. 



En opinión de quien os habla, es esta la arenga más hermosa jamás escrita, pero, por supuesto, no la única. El cine, de hecho, está plagado de discursos de este tipo y aquí os dejo una selección que espero funcione como es debido y os inspire en vuestro particular día de San Crispín: el primer y temido examen de latín. ¡A trabajar, valientes!

jueves, 19 de octubre de 2017

SINTAXIS DEL ADJETIVO



La sintaxis del adjetivo parece estar dando algunos problemas estos días, así que ahí van algunas nociones de repaso.

1. El adjetivo califica al sustantivo, con el que concuerda en caso, género y número.
El sustantivo, recuerdo, está anclado en su género (o masculino, o femenino, o neutro) y es el adjetivo el que adapta su terminación para concordar con él.
Así, por ejemplo, dado un adjetivo altus-alta-altum y los sustantivos puer, -i (masc.), puella, -ae (fem.), templum, -i (neutr.), tendremos las siguientes combinaciones:
altus puer
alta puella
altum templum

2. El adjetivo funciona, por lo general, de Complemento del Nombre (CN) del sustantivo con el que concuerda en caso, género y número

La única condición para desempeñar esta función es la concordancia, al contrario de lo que ocurre con el sustantivo, pues para que este funcione de CN tiene que estar en caso Genitivo.

3. En las oraciones copulativas, es decir, aquellas que tienen por núcleo el verbo sum, el adjetivo puede funcionar también de Atributo, siempre que vaya en caso Nominativo y que concuerde en caso, género y número con el Sujeto.

Puella bona est
Puer bonus est
nauta strenuus est
(recordad que nauta es masc. y, en consecuencia, el adjetivo que lo acompaña, se declina por la 2ª declinación; sustantivo y adjetivo no tienen por qué coincidir en declinación)

martes, 17 de octubre de 2017

LA ÉPICA GRIEGA (II): LA CÓLERA FUNESTA



Afirma el lugar común que la Ilíada de Homero trata de la Guerra de Troya y, como casi todos los lugares comunes, es erróneo. La acción de la Ilíada transcurre durante unos pocos días del décimo año de la Guerra de Troya y al término de esta obra, aún sigue la gran ciudad en pie. Ni una mención hay en ella al regalo envenenado del caballo de madera. Y es que la Ilíada se ocupa, más bien, de la cólera de Aquiles, como se indica en sus primeros y programáticos versos:

“La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros
y para todas las aves...[1]


Los griegos caen como moscas por obra y gracia de una peste enviada por el dios Apolo, encolerizado porque a Crises, sacerdote troyano, le han arrebatado a Criseida, botín de guerra de Agamenón. Con grandes reparos y temores informa Calcante, adivino de los griegos, al gran rey de Micenas de que debe devolver a la muchacha. Apoya la propuesta Aquiles, el más grande de los héroes griegos y, tras una gran disputa, cede Agamenón con una condición: devolverá a Criseida siempre que a él le corresponda Briseida, botín de Aquiles.
Y no, no es este un “lío de faldas”, como algunos quieren ver, sino que tras el conflicto entre Agamenón y Aquiles se oculta la moral de la guerra y del honor. Los honorarios de Aquiles por sus servicios a la causa griega son el botín de guerra, Briseida en este caso, y, si se le retiran sus honorarios, razona, deja de combatir.
Y entonces, la sombra de la derrota se cierne sobre los griegos, cuyas huestes sufren los golpes de Héctor, el héroe por antonomasia, que en el canto VI se despide de su esposa Andrómaca y su hijo Astianacte para jamás regresar. Sabe que junto a los muros de Troya terminará muerto, pero el deber para con la patria es lo primero. Antes, eso sí, tiene tiempo de acabar con Patroclo, el joven amigo de Aquiles. Solo entonces, por sus ansias de venganza, vuelve Aquiles al combate y en un enfrentamiento épico -nunca mejor dicho- acaba con Héctor. No se aplaca así su ira, sino que durante tres días consecutivos arrastra el cadáver del troyano alrededor de los muros de Troya, para horror de Príamo, rey de la ciudad y padre del propio Héctor. Aconsejado por los dioses y con la inestimable ayuda de Hermes, se disfraza Príamo de mendigo y se infiltra en el campamento griego para suplicarle a Aquiles, asesino de su hijo, que le devuelva su cadáver para poder así rendirle honores fúnebres. Solo entonces se apiada Aquiles del anciano. Se cierra el gran poema con los funerales de Héctor.


[1] La cita procede de E. Crespo (trad.), 2006: Homero. Ilíada, Gredos, Madrid.